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12 de febrero de 2018
Las personas inteligentes suelen ser más inseguras
Las personas inteligentes suelen ser más reflexivas, meticulosas, dubitativas e inseguras en su día a día.

Sin embargo, aquellos perfiles más arrogantes y caracterizados por la sobrevaloración personal son seguros por naturaleza porque no valoran las consecuencias de sus actos, ni miden el efecto de sus palabras. Aún más, tampoco les preocupa el daño que puedan hacer a segundas personas.

A menudo, suele decirse eso de que “no hay felicidad más profunda que aquella que procede de la ignorancia”. Seguramente todos estaremos de acuerdo en dicha idea, porque todos habremos dado en alguna ocasión con esa esencia tan característica de la estupidez humana donde se actúa con completa negligencia emocional y racional, sin ser consciente del efecto de ciertos comportamientos.

“La inteligencia de un individuo se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”-Immanuel Kant-

 

No obstante, y a pesar de que la mayoría sabemos reconocer al “ignorante”, al que actúa con con marcado orgullo, con presuntuosidad y arrogancia, nos suele surgir una pregunta: ¿por qué siguen teniendo tanto poder en nuestros escenarios más comunes? Decía el historiador Carlo Maria Cipolla que a veces subestimamos la gran cantidad de estúpidos que hay en el mundo, pero a esta afirmación deberíamos añadir otra más… ¿Por qué la estupidez ha alcanzado cuotas tan elevadas de poder en nuestra sociedad?

Los psicólogos y sociólogos nos dicen que hay un aspecto curioso asociado a este tipo de perfil comportamental. Las personas más necias suelen mostrar una elevada seguridad, son más vehementes, más “ruidosas” y tienen la capacidad de influenciar a los demás por este tipo de rasgos.

Las personas inteligentes, por su parte, suelen caracterizarse por una marcada inseguridad, por una elevada latencia de respuesta, reflexión e incluso discreción personal. Todas estas dimensiones no crean impacto. Aún más, vivimos en un mundo donde la inseguridad sigue viéndose como una característica negativa.

Niñas dentro de bombillas

Las personas inteligentes suelen infravalorarse
Seguimos teniendo un concepto algo erróneo sobre las personas inteligentes y, en especial, de aquellos que presentan un cociente intelectual (CI) muy elevado. Los vemos como hombres y mujeres competentes, capaces de tomar siempre las decisiones más acertadas, o de ser altamente efectivos en sus tareas, responsabilidades y obligaciones cotidianas.


Sin embargo, hay un detalle que suele estar presente en muchas ocasiones: las personas inteligentes suelen sufrir ansiedad social. Rara vez se sienten completamente integrados en un contexto determinado: escuela, universidad, trabajo… Asimismo, tal y como nos explica el psiquiatra y doctor en neurociencia Dean Burnett, el perfil caracterizado por una elevada inteligencia suele infravalorarse de manera constante.

Es lo que se conoce como “síndrome del impostor“, un trastorno por el cual, la persona minimiza sus logros y capacidades personales hasta minar poco a poco su autoestima y auto-confianza. Obviamente no podemos generalizar, pues habrá personas con un alto CI que mostrarán una elevada seguridad y que habrán escalado la cima del éxito con aplomo, constancia y eficacia psicológica.

Sin embargo, el patrón antes citado suele ser muy común: la gente intelectualmente brillante suele tener una percepción más profunda de la realidad, una realidad que no siempre se le antoja fácil de asimilar, ni agradable ni aún menos confiable.

Ante un mundo complejo, lleno de contradicciones e impredecible, las personas inteligentes se auto-perciben como figuras “extrañas”, y ajenas a esos entornos. Así, y casi sin que se den cuenta, es común que acaben infravalorándose porque no se ven capaces de adaptarse a esas dinámicas sociales.

 

La respuesta sería “sí pero no”. La clave está en la mesura, en el equilibrio. Citando de nuevo al neurocientífico Dean Burnett, vale la pena hablar aquí de uno de sus libros más conocidos: “El cerebro idiota”. En él se nos explica que por lo general, la gente más ingenua o “estúpida” es la que suele mostrar mayor nivel de seguridad personal.

Son perfiles incapaces de reconocer cuándo algo está mal o de aplicar un pensamiento analítico y reflexivo para valorar, previamente, el efecto de ciertas decisiones, acciones o comentarios.

Gato sobre paraguas

Sin embargo, y aquí llega lo extraño y preocupante, “la personalidad idiota” suele tener mayor éxito social. Los directivos, altos funcionarios o políticos que muestran vehemencia, seguridad y firmeza en sus decisiones suelen aglutinar lo que muchos consideran como “capacidad de liderazgo“. Asumir esto es un auténtico peligro, porque a veces ponemos nuestro futuro en manos de personas incapaces de valorar las consecuencias de sus actos.



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