En la Antigüedad, los griegos indicaban en las puertas de las bibliotecas que eran Un lugar para la curación del alma.
A lo largo de la historia los libros nos han educado, ayudado, guiado, divertido. En ellos era posible encontrar la solución a todo, es más, era el medio de transmitir los conocimientos y dejar testimonio, que usado racionalmente y otorgándole la transcendencia que ostentaba la comunidad avanzaba a pasos agigantados. «El hombre listo aprende de sus errores; el sabio, además, ha aprendido de los errores de otros».
Los anglosajones han sido los pioneros en utilizar la Biblioterapia, usando para ello la lectura como herramienta para mejorar trastornos leves y moderados.
A título de anécdota, y en virtud del hábito lector, quiero extraer del recuerdo lo que dos escritores decían al respecto. Cervantes, decía: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». Santa Teresa de Ávila, decía: «Lee y conducirás, no leas y serás conducido». Enseñar a leer es entregar el arma más poderosa, entregar la libertad, hacer libre a la persona. Es una capacidad única del ser racional que nos diferencia del animal.