El Gobierno ha repetido insistentemente que la nueva normalidad, con sus mascarillas, la distancia interpersonal y el fin de las aglomeraciones, durará hasta que se encuentre un tratamiento eficaz o una vacuna. Sobre lo primero, no hay grandes avances por el momento.
Se sigue investigando tras comprobar que los fármacos que parecían que podían ayudar a tratar los síntomas no han tenido los resultados esperados (múltiples efectos adversos). Más optimismo hay en relación a la vacuna, incluso se habla de varias, de la mano de China, Europa y Estados Unidos, y que se encuentran ya en una fase avanzada de investigación (probadas ya en humanos). Pero que nadie se engañe. No habrá una vacuna segura y eficaz antes de dos años. Aunque para muchos ciudadanos pueda parecerle un tiempo largo, es todo un récord. En una situación normal el tiempo medio ronda entre los ocho y los diez años.
Argentina ha sido designada como ponente para la evaluación de la vacuna frente a la Covid-19 (“no una, sino varias vacunas seguras y efectivas”, insistió), que llevará a cabo la Agencia Europea del Medicamento.
el gran desafío al que se enfrentará el mundo cuando esté la vacuna será la producción. ¿Se ofrecerá a todos los países o habrá una división entre los que tienen recursos y los que no? Lamas lo tiene claro, hay que abordar una producción mundial para llegar a más de 5.000 millones de personas, un desafío nunca visto. “El virus no conoce fronteras y nos enfrentamos a un problema de salud pública global y, sin un enfoque global y solidario, será imposible atajarlo”, advirtió la directora de la Aemps, quien apuesta por lograr un acceso a la vacuna “justo y solidario” con otras regiones menos favorecidas.
Para que esto sea así, es necesario escalar la producción a un nivel “nunca visto”.