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DEPORTE

12 de octubre de 2019

Eliud Kipchoge, primer hombre que corre un maratón en menos de dos horas

Eliud Kipchoge, instantes antes de cruzar la meta, en Viena.Foto:Lisi Niesner

El keniata consiguió bajar las dos horas para la distancia del maratón, aunque lo hizo en condiciones especiales

Este es un salto para la humanidad. Un imposible hasta hace cinco años, el plazo en el que se había gestado esta aventura.

–Quería dejar claro que ningún ser humano tiene límites –decía Kipchoge una hora más tarde, rodeado de periodistas, en una estructura improvisada para la prueba.
 
Todo ha sido excesivo en este ejercicio, el sofisticado Ineos Challenge 1:59, réplica avanzada del Breaking2 de Nike: ha habido una mayor implicación internacional, con liebres de los cinco continentes; una mayor precisión en la definición, con un solo hombre, Eliud Kipchoge, y no los tres aspirantes de Monza 2017; y una mayor implicación ciudadana. Más allá de un parque cerrado de F-1, este proyecto se ha celebrado en un parque público, a un paso del corazón de Viena y de la parada de metro de Stadion, cuyos túneles vomitaban espectadores. Se calcula que se habían asomado unos 20.000 curiosos.

Estábamos en el kilómetro 35 y Eliud Kipchoge ya sonreía. Seguía a las liebres con una determinación intimidatoria. Se sentía en disposición de aterrizar en la Luna. Este es el 12 de octubre en Viena, al alba, bajo la neblina que inunda el Prater, neblina que sube del vecino Danubio...

Estábamos en el kilómetro 35 y la atmósfera era única. Algo grande iba suceder.

Kipchoge lo tenía. Le sobraban 14 segundos.

Había corrido casi siempre por debajo del ritmo necesario. A parciales de entre 2m48s por cada kilómetro, 2m50s (los más) y 2m52s (los menos).

Le sobraban 14 segundos a esas alturas de la prueba.

Sonreía.

No iba a fallar.

–He sentido presión. Pero este era el momento en el que lo tenía claro: lo iba a conseguir.


Desde Eldoret, Marc Roig tuiteaba. Roig es el fisio de Kipchoge. En realidad, es el hombre para todo. El chófer. El compañero de entrenamientos. El amigo.

Tuiteaba Roig: “En Eldoret ya están poniendo los altavoces”. Se calcula que la mitad de la población de Kenia estaba siguiendo el Ineos Challenge 1:59.

Y Kipchoge sonreía.

–Llevaba cuatro meses y medio preparando este reto. En todo este tiempo, siempre he tenido la sensación de que llevaba el ritmo en las piernas y en la mente. El ritmo siempre me ha resultado confortable.

–Pero en el medio maratón se le intuyó un rictus de dolor –se le preguntaba.

–Eso no es cierto –contestaba.

Y reía más.

Al kilómetro 41,5 se apartaban las liebres. Había 41 atletas de primer orden implicados en esta historia. Los Ingebrigtsen, los tres hermanos, iconos en Noruega, con ese serial que protagonizan. Barega, Lagat, Centrowitz, Lomong, Choge, McSweyn, Wanders, Eric Kiptanui, Musagala... Kipchoge les aplaudía y luego, a solas, aceleraba aún más.

Corría Kipchoge los últimos 500 m saludando al público, celebrando el éxito como el ciclista que le lleva media hora de margen al pelotón y saborea, con los brazos extendidos, el momento.

Ya no se notaba el fresco en el parque Prater, esa humedad que va calando en los huesos, sino más bien la calidez de un momento extraordinario. El momento en el que el ser humano accede a un imposible.

–¿Cree que aún puede ir más deprisa? –se le preguntaba.

–¿Cuántos de ustedes tienen más de 65 años...? –respondía.

Unos pocos levantaron la mano.

–Pues todos los que levantaron la mano han tenido la suerte de ver al ser humano rompiendo las dos horas. Hace unos años, esto se consideraba imposible.

–Ya ha sido usted como Neil Armstrong, ha llegado a la Luna –se le comentaba.

–Pero estoy en la Tierra.

(...)

Cerrado el episodio, este es el momento de los debates.

Los puristas disienten del proyecto Ineos Challenge 1:59. Insisten en que no es homologable, y motivos hay.

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